Walter Benjamin en los umbrales de la modernidad. El theatrum mundi: de la metáfora a la idea
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Resumen
En El Origen del Trauerspiel alemán (1925) Walter Benjamin expone una idea de una forma dramática propia del siglo XVII alemán: el Trauerspiel. En nuestra interpretación esta constituye una idea originaria de la experiencia histórica de la Modernidad occidental. Esta idea se encuentra cifrada en el nombre de los dramas barrocos, el cual se compone de Trauer (luto, duelo, tristeza) y Spiel (juego, drama o representación teatral). Por lo cual esos dramas eran literalmente «obras teatrales luctuosas» o «juegos tristes». A partir de la interpretación del Prólogo Epistemocrítico del libro se establece que para Benjamin una idea es simultáneamente un nombre simbólico, una imagen monádica del mundo y un gesto. Así las cosas, en el nombre Trauerspiel se encuentra latente la imagen del mundo moderno como un teatro luctuoso o juego triste, lo cual se vincula con la metáfora predilecta de la época barroca: el theatrum mundi. Así pues, Benjamin elevó dicha metáfora a una imagen de pleno contenido histórico que permite concebir la experiencia histórica moderna en su tensión originaria. A partir de esto proponemos que la filosofía benjaminiana postula una «monadología de las épocas históricas» que permite condensarlas en imágenes espaciales. La imagen que le corresponde al Barroco es la del mundo como Trauerspiel. Pero como la Modernidad tiene su origen (Ur-Sprung) en esa época, esta imagen sigue vigente hasta nosotros. El Barroco experimentó, por un lado, la pérdida de certeza en la promesa de salvación y la trascendencia. Por otro lado, lejos de tener a su disposición una nueva certeza (como la autoafirmación ilustrada del Sujeto), debió desarrollar una estrategia compensatoria: simular la trascendencia perdida a partir del juego teatral y estético que llamamos arte. En estas condiciones, la voluntad divina de salvación se tornó inescrutable, el mundo dejó de ser un cosmos para convertirse en un teatro y el ser humano —que todavía no estaba maduro para la autoafirmación ilustrada de sí mismo como Sujeto— quedó sumido entre la tristeza y el juego. El nuevo teatro en sus formas barrocas dio el modelo del arte en sentido moderno y, con ello, la estrategia para simular la trascendencia a partir de la estetización o teatralización alegórica del mundo. Según nuestra lectura de Benjamin, la Modernidad constituye una constelación entre un Dios espectral, un mundo teatral y una creatura melancólica. Esa relación es lo que Benjamin dejó implícito en su idea del mundo moderno como un Trauerspiel. Pero en último término, vista a la luz mesiánica, esta imagen se muestra como una radical inversión de la verdad y la justicia. Lo que debe ser redimido es la fantasmagoría de este mundo sumido en el luto y la estetización. Benjamin suspende el tiempo histórico en una imagen espacial que nos permite reconocer el origen de nuestro presente en el Barroco y, sobre todo, nos señala las condiciones míticas en las que no podemos persistir y, sin embargo, todavía persistimos. Esto es lo que llamamos su idea como gesto mesiánico. La idea no vale como sustancia metafísica, sino por aquello que nos hace ver y la manera en la cual nos permite verlo. En fin, el Trauerspiel de la Modernidad —visto a la luz de la redención mesiánica— es una verdad de la no-verdad.